Otra cosa buenísima que tiene el depa es la ubicación, estamos a nada de Chapultepec y eso significa estar a nada de mi museo favorito: El de Arte Moderno! Cada año tengo como ritual ir por lo menos una vez y repito las exposiciones permanentes y las que tengan en ese momento. Ahora podré ir cuantas veces quiera y también al de Antropología podré visitarlo en partes. Y con eso de que el cambio de casa nos dejó en calzones, ir los domingos está padrísimo porque es cortesía la entrada.
Ayer que fuimos vimos la exposición permanente de arte contemporáneo en México, la cual es bellísima, estas imágenes son de las que más nos gustaron a Tito y a mí de Angel Zárraga y Remedios Varo. Saliendo vimos algunas de las vacas expuestas en Reforma del “Cow Parade” y nos compramos un chicharron y churritos, no comimos tacos de pata de pollo pero vimos pasar a un niño feliz con su tacazo! La Titis

Cabe mencionar que la Titis llegó a pie desde el depa hasta el museo (yo la alcancé en el Vips de Río San Joaquín en taxi y de ahí a pié), todavía caminamos un rato en los jardines del recinto, además de ver la permanente, prueba de que su aguante a la caminata es respetable, además de que la cercanía a la zona es manejable (para la Titis). De regreso ocupamos un micro, objetos de transportación que esta semana he utilizado ya en dos ocasiones después de deos años de no ocupar uno. Un gran detalle que captó nuestra atención, inclusive cuando estábamos en la exposición ya, fue una sociable ardilla que no sólo rondó por los jardines, también atravesó los pasillos, con gente cerca de su trayectoria. A mi me pareció un signo positivo respecto a la limpieza del Bosque, ya que durante toda mi infancia, nunca vi una, y vaya que mis papás me llevaban seguido a Chapultepec.
Al museo, que contaba alegremente con buena cantidad de visitantes lo dejamos alrededor de las 15:30 para pasar por las ya mencionadas botanas, de las que salimos bien librados, según nuestra salud puede constatar 24 horas después de su ingesta. Una confesión que debo hacer es que de haber encontrado al puestito de los tacos de pata de pollo, le habría entrado, ya que el taco que el chavo llevaba se veía substancioso, atrayente y de muy buena tortilla, asunto que a mi me puede atraer más que por el guiso mismo.
Hace falta un detalle más que mencionar respecto a la tarde de ayer. Inicialmente cuando nos mudamos, el centro de lavado protagonizó la anécdota complicada una vez más. Y lo digo así porque cuando nos mudamos inicialmente a la casa de Echegaray, el sendo aparato tuvo que quedar en el comedor porque no pasó por la puerta del patio de servicio o de la cocina, así que nos acostumbramos a la idea y un día le disfrazamos de aparato de televisión auto crítico (sólo un centro de lavado disfrazado de tv lo podría ser) para alguna reunión que tuvimos. Ahora, al mudarnos al departamento, fue el único mueble que tomó más de cinco minutos en subirse por los cinco pisos -de hecho tres personas tardaron como treinta en hacerlo llegar- y como diez en dejarlo en su lugar, el patio de servicio ¡cupo! Fue lo maravilloso, pero… a la hora de montar nuevamente la puerta corrediza, eso no fue posible, así que para el acelere que había, pedí la puerta, la llevé a la terraza y asumí la responsabilidad de yo ver luego cómo hacerle para meterla nuev amente en el carril… asunto que ayer al regresar de Chapul empezamos a intentar los dos; no lo terminamos y ya era hora de preararse para dormir, así que pasé una silla a la Titi y del otro lado de la puerta le puse el banco de las escaleras, así saltó la puerta que estaba en proceso de rearmado, porque esa era la única manera de regresarla a su lugar, rearmándola ahí dentro para encarrilarla después. La foto que abajo está muestra el momento cuando la Titi reingresa sorteando el obstáculo. Moraleja, no dejen de comprar un centro de lavado si así lo desean, pero prepárense para posibles sorpresas de acomodo. La consigna para el próximo fin será… encontrar los tacos de pata de pollo servidos en finísimo plato de unicel con bolsa de plástico como mantel. El Tito