Los huevitos
Creo que son tantas las preguntas que me hago, que ya ni recurdo la de los huevitos de la expositora puerto riqueña. La verdad es que al leer el texto me sentí un poco abochornado porque cierto es, no ha de ser tan fácil toparse con alguien que se pregunta muchas cosas sin siempre buscar las respuestas. Y es que algo que me ha tocado vivir es que las respuestas llegan con el tiempo, o simplemente nada pasa si no se tienen.
Un valor que encuentro en ello es mantener o avivar un espíritu de curiosidad, de indagación, de observación, de investigación; por otro, es algo que me gusta hacer, entretenido y me lleva a conocer cosas diferentes, independientemente de su utilidad, como ventana de acceso al otro.
Ayer durante el seminario -por ejemplo- en la suma de conferencias noté una inclinación fuerte hacia la medición de las personas: competencias, predicciones, habilidades, compatibilidad de perfiles candidato-empresa, retorno sobre inversión, corto plazo… Sentí abrumo cuando en otra conferencia hablaban del retorno de inversión si la organización tiene un enfoque de desarrollo sustentable, y ahí me dije “¡Alto! ¿Por qué medir todo, inclusive cuando el número sea contraproducente en favor de tomar una decisión sobre algo que propongo? ¿Dónde queda ese enfoque holístico que también han promulgado?
En la serie televisiva Lost, hay dos perfiles de liderazgo muy interesantes, contradictorios y complementarios: Jack y John Locke. El primero, el líder operativo, pragmático, de soluciones y hechos tangibles y razonados facilita la adaptabilidad de la náufraga comunidad de 40 y tantos sobrevivientes en la isla.
Los productores decidieron también mostrar la propia historia que varios de los sobrevivientes al accidente aéreo trae; historia dura, polémica, dramática, de errores, traiciones, éxitos y alegrías; así no’mas, diría Titi. Pasados que se van conociendo, incluídos dichos protagonistas. John Locke es un hombre de fe, como el mismo lo defiende a viva piel, percibe profundamente al individuo en su pasado y presente y como un gran sabio filósofo de calle -donde debería vivirse la filosofía para que sirva- pone pruebas de alto impacto y auto conocimiento a los que ahí viven, llevándoles a la paz y un mayor gusto por disfrutar la vida. John, dominante y competitivo lucha contra esa visión de vida de sin darse cuenta que es complemento estructural a la accidentada comunidad, mientras Jack es funcional para la misma.
Con las imágenes anteriores en mente, levanté la mano y dije (palabras más o menos) a media conferencia: “Siento tantas intenciones a la medición como su fuese montado en un implacable tren de mecanicismo industrial y no en una tercera ola del desarrollo humano, donde el sustentable va de lleno. Siento que para vender mecanismos de respeto al medio ambiente en una organización hay que también venderlo como dogmas de fe con base en intereses, intenciones personales de quien nos oye y valores practicados de la organización” y cité el caso de una gran productora de papel que recibió una oferta para comprar un sistema de reciclaje de agua, mismo que requería una inversión que en el primer año equivalente a diez de pago en multas y dádivas a autoridades; el vendedor se fundamentó en tecnología de punta, solución personalizada, mínimo mantenimiento, marco legal. La venta no se logró.
Cada día la telemática -como le decían en los ochenta los españoles- nos llevará más a la valoración cuantitativa cuando los criterios de valoración son reyes en el saber popular y nuestro espíritu humano. Y claaaro, me pregunto ¿Por qué esa filia a la medición? ¿Por qué al rato, hasta el mismo Tito olvide los huevitos de la expositora a falta de su registro, medición y valoración? ¡Grup!
Va mi mas sincero reconocimiento y agradecimiento a mi Titi, por su interés en consentirme, donde espero que mis preguntas le sean de más interés y diversión para ella.









