Hoy fue un día pesadísimo. Comienza a cargarse el trabajo porque se acerca ela cierre de la fusión. Para Julio esto queda limpio de muchos “ex-Gillettes”, cambian los procesos, cambia la gente, cambian los sistemas y hay que comunicar oportunamente, facilitar, instruir, preparar, cerrar, etc.
Dormí 3 horas pues tuve que venir a las 6 de la mañana a entregar boletos de una promoción a la gente de planta del 3er y primer turno y me acosté tardísimo. Fue horrible, apenas pude carburar con mucha gente a mi alrededor recogiendo su boleto y un tríptico de los nuevos beneficios que tenía que dejar listo para el impresor.
Y al final del día… -no voy a decir quien- pero me invitaron a jugar unas apuestas. En el trabajo, si, una oficina clandestina, al vil estilo aguila o sol pero con sus reglas:
- Tres rondas de 5 monedas la apuesta es de 5 pesos por participante
- La última ronda se apuestan 10 pesos p/p.
Compiten la tercia (chachalaca), el pokar y el full y el aguila se impone sobre el sol.
Llegamos muy contentas a la sesión, quien me invito, feliz anunciando que traía una invitada y la cara de simpatía y brillo en los ojos al descubrir en mi ese lado obscuro que todos tenemos por jugarnosla a todo o nada.
Diez ó quince minutos fuera de tu lugar, 4 rondas, desempates, risas; paga lo que debes y a chingar a su madre! todos de vuelta a chambear.
Hoy, la primera ronda favorece a la primeriza (o sea, Yo), se arden algunos pero inmediatamente piensan “suerte de principiante, ahorita la desbanco”. No vuelvo a ganar y mi saldo final son DIEZ PESOS a mi favor. En la apuesta final (donde todos pagan $10) hay que desempatar a tres que ganaron con full de aguilas. Un perdedor no queda conforme y con fuego en los ojos pide revancha de a veinte, se la conceden pero la suerte ya no le sonríe.
¡Que importa!, el lunes podremos jugar otra ronda, abrazos, risas, monedas que suenan en los bolsillos.
¡Que maravilla, mi día se aligeró. Al final todo es cosa de dejar salir al niño interior.