Y es que como perdí el ritmo, no lo he vuelto a agarrar, tan bien que ibamos hombre! después de mencionar que habíamos llegado al post número 100, como que algo nos paso, nos confiamos Tito y yo a que ambos seguiriamos ese ritmo y al contrario. Pero también así pasa con el oficio de escribir, a veces fluyen las ideas y otras veces se sienten tímidas e inseguras de salir.
Como siempre que no tengo tema de conversación, lo que me salva son los libros, la lectura, así que aprovecho para comentar acerca de los últimos libros que he leído.
Francesco decide volver a nacer
Si ya leyeron la primera parte de Francesco, esta segunda parte contínua super mística respecto a lo que le sucede a uno cuando muere y… (perdón para los católicos que creen en la resurreción más no en la reencarnación) reencarnas en una nueva vida, con nuevo cuerpo y padres escogidos por tí para aprender lo que te falta aprender. Una de las ideas que recuerdo de este libro es la de que a las 11:11 de la mañana los ángeles se asoman por el cielo dispuestos a escuchar las peticiones de los humanos y conceder sus deseos, que por lo general son pocos.
Me pareció de una sencillez y dulzura asombrosa desde el punto de vista masculino pues el escritor (Francesc Miralles) es un barcelonés filiologo alemán y músico que habla de un hombre solitario que, gracias a la inesperada llegada de un gatito, comienza a darse cuenta de que en los pequeños detalles se encuentra la magia de la vida.
Otro que vale la pena mencionar es el libro de Los Mensajes ocultos del agua, estudio asombroso de como responde el agua y los seres vivos a las palabras y a la indiferencia. Una familia, inspirada en estos estudios del doctor Masaru Emoto. ver link Pusieron tres frascos con arroz, a uno le dijeron “Gracias” cada día, al otro le dijeron “estúpido” cada día y al tercero lo ignoraron. Con el primer arroz, hubo crecimiento belleza y hasta aromático se volvió, con el segundo vieron que se comenzó a pudrir, pero al que ignoraron fue el que más se descompuso. El doctor inspira a cuidar nuestros actos y palabras y ver como llevamos nuestra vida, qué áreas o personas a nuestro alrededor agradecemos, insultamos o ignoramos y qué recibimos a cambio.
En sus estudios, el doctor descubrió que al decir en conjunto las palabras Amor y Agradecimiento, la forma cristalina que formaba el agua resultó la más hermosa, más aún que solo decir Amor o sólo decir Agradecimiento. ¡Que loco!