El sábado me pidió Tito que estuviera a las 2 de la tarde en la Universidad Mexicana en Polanco porque quería presentarme con sus alumnos de la clase de Mercadotecnia que estuvo impartiendo.
Llegué rayando por estar en otro compromiso allá en el Sur; pero me tope con un retén de seguridad que impidió que pudiera accesar al salón de clases de Tito. Tito negoció con la gente de Seguridad que por lo menos me dejaran entrar al patio, a la cafetería a esperarlo y ahí me entretuve leyendo porque, por suerte, siempre cargo un libro en mi bolsa para los momentos inesperados de la vida en que me brinda un espacio para leer.
Justamente leía acerca de el dar y el recibir, que hacerlo te pone en sintonía con el universo porque todo en el universo es dar y recibir y si lo interrumpes es como si interrumpieras el flujo de la sangre dentro del cuerpo y te enfermas. Propinas, regalos, una sonrisa, un halago, unas palabras, no siempre son materiales las maneras de dar y uno siempre tiene que estar dispuesto a recibir de buen gusto halagos y reconocimientos que luego es típico que nos neguemos a merecer.
En eso sonó mi celular, era el Tito quien intentaba conectarme con sus alumnos a través de la línea telefónica para que me dijeran algo que querían decirme. En eso escuché un “GRACIAS!!!” en coro y unos aplausos y rechiflidos. Se me salieron las lágrimas y agradecí a la vez.
Resulta que durante el cuatrimestre Tito se llenó de tantas clases y como esta de Mercadotecnia era nueva para él. le apoyé desarrollando los textos de un libro para su clase y preparando las tareas de campo apropiadas para la materia, las cuales disfrutaron mucho los alumnos y le comentaron a José Luis que eran las tareas más interesantes y divertidas que les habían dejado y de las cuales habían aprendido mucho.
Tito no quiso darse todo el crédito, el último día, esperaba presentarme con ellos para mostrarles a la autora intelectual y de los apuntes “más bonitos” que fueron publicados en la página de su materia.
Gracias a Tito por este bonito reconocimiento.