1 hora, 30 minutos.
Es el tiempo que falta para que el avión de Titi toque suelo. Ahora sobrevuela las aguas del Golfo de México con la cabeza llena de vivencias, el cuerpo de emociones y un corazón, de nuevos sueños e ilusiones. Al menos eso imagino; supongo que también algo de ansia despúes de nueve horas de vuelo, aunque es parte de la gran diversión que es vivir la vida y en un vuelo transcontinental.
Mientras supongo que México juega, porque oigo gritos desesperados acompañados de “Méxicos”, en sonido envolvente, y acompañados de un edificio lleno de inquietud. Ahora me pregunto sobre qué preferirá Titi para recepción ¿mangos y vino espumoso o taquitos de Echegaray? Yo me regalé quesadillas de masa azul, por supuesto y esperé hasta el martes para comerlas.
