En lugar de: “que sueñen con los angelitos”…
Pasamos la semana Santa en Tlatlahuiqui, en casa de mi cuñado y mi hermana, por los rumbos de Puebla. Ahí nos fue asignada la recamara a compartir con mis sobrinas Pau y Aline de 10 y 12 años. Simpatiquísimas las dos, pero cotorras hasta por los codos, aún apagada la luz y, buscando todos conciliar el sueño, se alcanzaban a escuchar sus murmullos y juegos con los teléfonos celulares en franca rebeldía a aceptar que el día había terminado y buscando sacarle el último jugo al mismo.
La última noche, después de advertirles que no iba a aguantar sus murmullos clandestinos, les dije:
-”Bueno, buenas noches y que se echen ricos pedos”,
-”JA,JA,JA”, soltaron la carcajada sonora. -”ay Tía, ¿porqué nos dices eso?”
-”Pues se me ocurrió que en lugar de desearles que sueñen con los angelitos sería mejor desearles que se echen ricos pedos para que sus intestinos se relajen y puedan dormir a gusto”.
Volvieron a reir y me desearon lo mismo. Los niños son de pelos, me encantan.

